
Mapa Acceso Rio de la Plata - Fuente http://ciudadcarmelo.com/
DESCANSO DE FIN DE SEMANA LARGO
Carmelo, paraíso cercano
Sus playas, campos y bosquecitos invitan a lugareños y visitantes a descansar y recargar energías. A 250 kilómetros de la capital uruguaya Carmelo está dispuesta a recibir al viajero con su tranquilidad de ciudad pequeña, la cordialidad y simpleza de sus habitantes y sus pintorescos paisajes. A dos horas de navegación por el Río de la Plata: caminatas a la luz de la luna, paseos en bicicleta entre pinares, recorridos en moto por la ciudad son algunas de las ofertas.

Primer puente giratorio de la República, emblema de Carmelo. Fuente www.hotelcasinocarmelo.com
A orillas del Río de la Plata el puerto recibe al visitante que llega a la costa de Carmelo, en el departamento de Colonia del Sacramento. La primera impresión al desembarcar y estirar las piernas, dando los primeros pasos en suelo uruguayo, es una profunda libertad. El aire fresco, los rayos tímidos de sol en la cara, el follaje dorado de otoño que se recorta del cielo límpido y celeste renuevan las fuerzas.
Camino al hotel el conductor de la trafic ofrece una muestra gratis de city tour: aclara más de una vez que los carmelitanos dejan la puerta abierta, que no hay inseguridad y que se puede dejar la cartera, cámara de fotos, celular y cualquier objeto de valor sin demasiada vigilancia. En el camino se ven chicos jugando en la vereda y autos estacionados en marcha sin conductor.
“A las 15 es el city tour, quienes quieran asistir dejen su número de habitación y los pasamos a buscar 10 minutos antes” vocifera el chofer mientras descarga el equipaje. El costo del servicio es de 250 pesos uruguayos, o $35 en moneda argentina. Todos en Carmelo están al día con el costo cambiario, no sólo quienes se dedican al turismo, un quiosquero, un vendedor de churros o simplemente transeúntes operan sin problemas la conversión.
Hernán y Claudia son el chofer y la guía del city tour. Ella conoce toda la historia de Carmelo, y él agrega humor al recorrido con sus comentarios. En el camino Claudia demostrará conocer mucho sobre la fundación de Carmelo, aunque nació en Argentina y se traslado de muy joven a Uruguay.
El fin de semana del primero de mayo muchos trabajan para que otros puedan descansar. El vendedor de churros prepara en el momento una docena rellena de dulce de leche por $60 uruguayos, para comer calentitos mientras dura el paseo por la reserva de fauna.
Se alquilan bicicletas por $150 uruguayos y por todo un día se puede recorrer el pueblo y dejarlas sin candado. Por estrechas callecitas de asfalto en el bosque se llega a la playa Seré. Allí en un parador se puede almorzar un asado con achuras, casi como el argentino, y con postre incluido gastar $490 uruguayos.
En la Calera de las huérfanas, hoy en ruinas, se pueden recorrer los restos de una capilla jesuita. Establecimiento que a fuerza de indios y esclavos manufacturaba pan, dulces, telas, y fabricaban tejas y ladrillos. En el siglo XVIII, fue regenteado por el padre de nuestro prócer Don José de San Martín, Juan de San Martín. Allí nacieron sus tres hermanos mayores y en el Archivo y Museo del Carmen se conservan las partidas de nacimiento.
A orillas de la ruta, entre el verde de otros cultivos se destaca el color rojizo de los granos de sorgo haciendo el paisaje casi pictórico. Las vides también son un cultivo principal en la producción agrícola uruguaya, aunque la mayor porción de vinos se exporta al exterior, Canadá y Brasil son los destinos.
FOTOS DE AGUSTINA CÓRDOBA
En el Hotel Casino, ostentosa construcción de 1939, se puede degustar un abundante desayuno con vista a la piscina, y más allá el bosque de pinos y la costa. Es en sí mismo un símbolo de otra época, un paréntesis en el tiempo. Aunque no hay demasiados lujos la edificación sólida, robusta con grandes espacios y mobiliario sobrio pero no deja de ser acogedor. Con sus pasillos llenos de susurros, grandes ventanales que dejan entrar la luz solar y el ruido de la naturaleza, es otro elemento que contribuye al descanso.
En la ciudad todo fluye a un ritmo parsimonioso, tranquilo. Los carmelitanos son amables y muestran cordialidad con el turista. No existen los semáforos: el tránsito funciona gracias a la consideración que tienen los conductores entre sí y con los peatones. Sin embargo un domingo a la tardecita la vuelta al perro puede impacientar a algunos. Todos los autos y motocicletas coincidirán en circular por el centro urbano.
A pie por la vereda, en auto de paseo, y ¡también en moto!, cada lugareño lleva su termo debajo del brazo y va tomando mate. Es una curiosidad ver que en todo momento y lugar hay alguien con un termo cebando su mate. Aunque Uruguay no produce su propia yerba, se importa desde Brasil.
Sabino, mozo del hotel, trabaja allí hace más de veinte años. Ese fin de semana largo fue a trabajar con anginas y disfónico. “Vivo acá cerquita nomás, a cinco cuadras”, contó con voz ronca. Se levanta todos los días a las 5 de la mañana, y ya casi a las doce de la noche continuaba atendiendo sus mesas, con una simpatía envidiable, atento a todo. “El fin de semana largo es cuando se espera más movimiento, más visitas, por lo general la mayoría argentinos” relata Sabino, y demuestra que está al tanto de cada movimiento, que disfruta de conversar con cada comensal, “aunque también vienen brasileros, pero mayormente argentinos” continúa su relato. Se muestra contento de ver turistas por todo el hotel, visitando su ciudad natal. “¡Que pasen bien!” saluda, como todos en Carmelo, esta frase es un cliché local.
Al pasar por el puente, emblema de la ciudad, los lugareños le harán saber la leyenda que reza sobre él. “Este fue el primer puente giratorio movido a tracción humana, el primero en Uruguay” relata orgullosa Claudia, la guía turística. Se inauguró en 1912, y la leyenda versa: “Todo aquel que te cruza regresa… siempre regresa.”
Agustina Córdoba.
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